lunes, 31 de julio de 2017

116

Disteclias 116

Ocurre que
cuando la tarde sucede
con la belleza típica
de un sur en decadencia
que alberga multitudes
para espantar su miedo
a la soledad infinita
de una mar sin nadie,
te acercas  hasta mi casa
sigilosa y lasciva
para suavizar mi crepúsculo.

Túmulo granate
de  indefinibles milagros.

Y llegas cuando el mundo
que juega entre mis cosas
se adentra en los silencios
de un bosque que desangra
sus soberbias soledades
y crujen con tus pasos
los pasos de otros seres
que hallan en la noche
su único refugio
y ocurre
que me encuentras insomne
con los párpados de plomo
buscando algún resquicio
para atraparte en los sueños
y llegas de repente
para saciar mi hambruna,
para despertarme a la fiesta
de tu cuerpo intocable,
después
empiezas  una  huida
por mis islas remotas,
por mis nudos laberínticos,
por mis instantes más cursis
y juegas y te evades
como si fueses de bruma.


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