domingo, 5 de marzo de 2017

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Decisiones irrevocables

—Silvia adónde vas. Mejor dicho ¿de dónde vienes?
—Vengo de la noche tenebrosa y de sus fríos y voy hacia la noche tenebrosa de la que huyo. No tengo más camino que mis instantes próximos, Jota.
—Pero me tienes a mí, amor.
—Te tengo a ti para los parajes multitudinarios, para las regiones bulliciosas, corazón, pero la ruta es mía, el siguiente paso es mío y tú tan sólo podrías ayudarme a decidir cómo darlo, en qué dirección, con qué fortaleza, con cuántos fingimientos, pero seré yo quien haya de lanzarme a mi segundo siguiente.
—Deja ese sueño, amor mío y permíteme que te abrace. Podremos los dos aventurarnos en tus dudas. Te seguiré callado. No te indicaré nada. Sólo habrás de conocer que yo te sigo. Que me tienes.

—Pero ese conocimiento influirá en mi libertad, en mi destino. Quién alienta el alud nevado de las montañas ignotas, quién sigue los pasos de los cometas errantes, quiénes influencian en la construcción de un arco iris, en su cromatismo. He de cruzar esta niebla en completa soledad. Es mi último latido y se me deseca la garganta, ya está brotando de mi pecho este pequeño adiós, este agudo para siempre.

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