sábado, 4 de marzo de 2017

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Incredulidad


No lo crees, quizás no me creas pero he ido por mares inhóspitos navegando la noche cuando nada era mío. Ni lo eran las sórdidas luces que la ciudad proscribía al fondo de las aguas ni las farolas que quedaban por la popa tentando mis velas de mutarse en anclas, ni eran míos los ruidos bulliciosos de las calles sin música, sin mis pasos huidos. Nada era mío  y aunque no me creas  he ido por islas a la intemperie decoradas con volcanes magníficos, de cuerpos impolutos y de sus grietas nacían géiseres y venenosos paisajes y en las mañanas fulgentes de las oscuridades insomnes he ido por un mar de mercurio que me invadía las venas. Créeme —aunque no me creas— me ha dado vuelcos el corazón a mediodía si el océano nos dejaba sin hálito y odié a mis dioses más íntimos cuando nada era ni azul ni pureza ni quietud sino lo nuclear de los vértigos, sino las turbulentas ideas de abandonarme a mi propio destino sin más cadenas. Aunque tú me lo creas y aún me aguardes y aún aguardes este cambio de rumbo sigo perdido.


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