miércoles, 22 de marzo de 2017

38

Llamada

No, no deberíamos consentir
que os devoren la mar, que las fauces
de las aguas se adueñen de vosotros
para siempre. No, no deberíamos
permitir que os desuelen la esperanza,
que os oxiden la alegría,
que os instalen los inviernos 
en las miradas, que os roben los sueños;
habríamos de inventar algún milagro
que os multiplique los panes,
que os brote el maná 
[en vuestras tierras]
y recobréis una vida digna y libre.

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