jueves, 16 de marzo de 2017

21

Divagación

Tras este ocaso de mar y malvas
desde el rompiente vi a mi mundo
caer despacio en sus umbrías
y a las gentes que invisibles
se recluían en sus hogares
para huir de este viento
de las torturas y de los fríos,
amada mía, no pude verles
sus rostros gélidos
tras el crepúsculo
se hizo noche espesa y noche cruda
con una luna que se apocopa
sobre sí misma como de anemia,
como si tísica
nos alumbrara
con sus coágulos, 
con su amaurosis,
con sus penurias.

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