miércoles, 8 de febrero de 2017

XLV

XLV

Te invoco crudamente a esta casa,
a estos dedos que te buscan,
a esta lengua que conocen
los sabores precisos de tus pliegues.
Te invoco sin demora a estos páramos
provistos de naranjos y rosaledas,
a estas piedras antiquísimas
que anuncian el relato de un imperio,
yo te invoco a estas playas solitarias
en invierno, a estas costas mortecinas,
a estas luces del ocaso
yo te invoco
a la alegría
de salvarnos
unidos hacia adelante.

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