sábado, 18 de febrero de 2017

XCII

XCII

En las ramas aquietadas 
del almentro el enigma 
de mis noches friolentas
se revive,
el gorrión que se guarda 
silencioso de la muerte
no conoce a su enemigo,
no se sabe como presa,
sólo
se aquieta y enmudece, sólo
se deja guiar por su instinto
entre el frío y sus miedos.

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