miércoles, 15 de febrero de 2017

LXXVI

LXXVI

Porque el Levante 
nuevamente agrede sin piedad a mis almendros 
y hace que la locura
invada mi pequeño mundo, 
yo me quedo quieto.
Quieto ante las guerras 
que me anuncian los periódicos,
quieto ante las hambrunas 
de todas las periferias
lejanas como dioses. 

Porque el Levante ataca
con furor a mis jardines 
y es mi bosque un frenópatico
de seroja y de pájaros sin norte, 
yo me guardo en la retórica 
de no decirme nada importante,
de no mover un músculo 
y dejo que me abrace
los giros y las desganas,
la circadiana cadencia 
de un crepúsculo que asoma
magnífico y anaranjado 
sobre este mar de las tormentas
de mentira.

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