domingo, 12 de febrero de 2017

LXII

LXII

La lluvia se cuela hasta los huesos
de esta tierra de mar y de salinas
y si acaso, la lluvia, hace de tu ausencia
un tiempo más oscuro. Ahora
que sucede intensamente, la lluvia,
disuelve el polen de los pinos, 
el trino de los pájaros, 
las flores que el almendro
empieza a enseñar tan prontamente.
La lluvia profiere un tierno crepitar
en los recuerdos, el íntimo rumor
de aquella tarde en que fuiste
a encontrarte con mis besos y un café
y un paseo de la mano por la ciudad
lluviosa de febrero
y hoy que es domingo de humedales,
la lluvia, dibuja en los charcos
círculos concéntricos y dibujos
de farolas mortecinas. 
La lluvia, esta lluvia,
más allá de las ventanas, me lleva
a tenerte de nuevo en la memoria.

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