domingo, 12 de febrero de 2017

LXI

LXI

Cuando tú quieres crear
campos de magnolias, refugios
para perros abandonados,
para gatos, para cualquier bicho viviente
que se halle sin refugio,
prados extensísimos
en que los niños jueguen a ser niños
como niños y  bosques para gnomos
y reinos solidarios para reyes solidarios y repúblicas
al gusto de todos los jerarcas
y de sus cohortes y de sus muchos ciudadanos
y pueblos para hombres y mujeres
que se besen, que se digan, que se amen
y sólo
puedes contemplar
cómo se aferran los inviernos
a los pétalos nonatos de las flores
y los perros y los gatos y los
`cualquier bichos vivientes´ sufren
la desdicha de cohabitar 
en este mundo
con el gran bicho viviente
que ni besa  ni se ama ni se dice
y los niños...
Qué decirte de los niños
[azules niños de las playas]
vagando solitarios por las guerras,
por los bosques desolados
 [sin encanto, sin leyendas, sin futuro],
entre alambres y falacias
por las frías fronteras de países
que no quieren a los niños,
entonces
sabiendo que ya no 
nos [me] queda tiempo
ni ganas
para reparar los errores
os da, me da,
por dejar a esos monstruos
a su libre albedrío,
y tras mi séptimo día
o tras el decimonono,
dormitar,
dormitar profundamente
hasta lo eterno.

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