domingo, 12 de febrero de 2017

LXV

LXV

Vive el camposanto de mi pueblo
el bullicio de una ida, el sagrado ritual
de los adioses, el luto del invierno
en sus cipreses y la húmeda tristeza
del que queda en este lado de la orilla,
quizás meditando hondamente
sobre el propio naufragio. El pálido fulgor
de los neones a deshora
tiembla su feble relumbrar bajo la lluvia.
Es la hora de decir un hasta siempre.

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