domingo, 12 de febrero de 2017

LXIV

LXIV

El viento llega así, desapacible y helado
como el crudo paisaje de un invierno
que te invada los huesos. Golpea
en los cristales de la casa 
con su aullido triste
haciendo que las ramas del olivo
se curven ansiosas en la negrura.
Afuera, el mundo a la intemperie,
tirita helores y umbrías 
y los húmedos paisajes 
que rodean a mis jardines 
persisten
en un silencioso griterío inaudible:
Gotas en los charcos, silbos por los árboles,
ladridos de un perro solitario
que añora una caricia, los pájaros que callan,
quizás, los besos que renacen del domingo
que agoniza, el tacto de mis dedos
por las teclas
queriendo escribirte algo hermoso.

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