miércoles, 28 de diciembre de 2016

XXXI

Mamá

Madre vas a otro lugar de ti,
a tu espacio ignoto
a no ser tú sino en alguna faceta
en que regresas. Este asombro
que crecen en tus pupilas no
procede del miedo, ni de la sed
por tus hijos, ni porque
el otoño te agreda, es, estoy seguro,
porque te sientes exhausta
de vivir por nosotros,
de vivir para nosotros,
de tu combate incansable
contra tus universales molinos.
Ven a mí, madre, 
que te enseñaré de nuevo 
la luminiscencia del norte;
resguárdate en mis brazos
y crucemos juntos
los inviernos que nos vengan.

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