sábado, 10 de diciembre de 2016

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Seres

Tras las cúspides floridas de los cielos
de este día radiante, llega el frío,
el frío tenebroso que la noche espira
con su hálito de luto, llega la gelidez
del aire que se acantona en la espalda,
el terebrante helor que acompaña a los solos
cuando las horas oscuras
se le adentran en las venas, 
llega la desesperación
de saberse
completamente resignados
a ser 
un subproducto de los dioses,
un no ser
sino neta transparencia
a los ojos transeúntes
de los otros.

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