sábado, 5 de noviembre de 2016

u

Detalle

Dios juega a pergeñar lluvias,
a ensuciar con grises la luz de mi bosque,
a decolorar el sol que se deprime;
juega a suicidar las hojas
febles del almendro, a enfermar  los jazmines
con la amarillez de las flores
y a que los pájaros callen
la locuacidad de sus trinos.
Dios juega a agitar los mares
con sus broncos soplos santos
y a que las olas rompan
con furor en la playa. Dios juega
en este tablero
de  peones dóciles
que van al abismo


irremediablemente.

.
Publicar un comentario