miércoles, 30 de noviembre de 2016

15

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No existen los sucesos que habitan la vereda,
nada ocurre ante los ojos del hombre y el silencio
tan oscuro como un crimen, se violenta
con el antiguo silbido del Levante. Crepitan
las ramas de los pinos, se adaptan al furor
del aire espástico los restos ososos del jazmín
y nadie queda de testigo de la hambruna
que sacia impunemente el cernícalo.

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