martes, 29 de noviembre de 2016

12



12

De súbito sucede el ocaso,
se hace una anoxia el lugar
que va desde el Este al Oeste
donde cohabitan
los restos de la luz y la ceguera.

Una anciana vigila el paisaje
repleta de asombro y de sanguinas,
atónitos sus iris ante el milagro
queda su silueta a la intemperie
del viento que respira esa penumbra.

Mañana, 
tras este naufragio de los soles,
puede que me exima,
otra vez,
de tanta soledumbre.

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