martes, 29 de noviembre de 2016

11

11

Ante la luz que decae
sucede la sangre
que tinta el crepúsculo.
Tiembla en la arboleda
el silencio. Avanza la humedad
hacia la noche
con limpias gotas cristalinas.
Estrellado el cielo 
difunde sus misterios infinitos.
Luces lejanísimas me asombran.
Algo me conmueve y la piel
se eriza de repente ante el evento.
Es terrible la muda presencia del Levante
que en los charcos de la lluvia de ayer
dibuja círculos dorados
como prueba de lágrimas de arcángeles
que tercos,
merodean en mis jardines
haciendo del verdor
un himno a la seroja.

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