lunes, 28 de noviembre de 2016

10



10

Cuando la noche cae
los sueños se agolpan en la estancia.
Pocos acceden al alma de los solos.
Se prenden pájaros oscuros 
de sus hilos 
como hebras de un crepúsculo
que sangre
Me hieren sus gritos apagados
y el granate que se esparce entre  las nubes,
adentro se tortura a la esperanza,
nadie escucha el eco de mi pulso
ni el triste sortilegio de la vida;
después de tanto insomnio
quizás con la mar en mis oídos
me alcance la paz
hasta las luces.

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