miércoles, 5 de octubre de 2016

Octubre 5.3

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No era nadie sino 
un joven marino que perseguía distancias,
ciudades sospechosas de intangibles, islas tan remotas
como un quasar y mapas con errores en sus cuadrantes.
Debí abandonar esa aventura de fuegos de artificios,
quedarme tierra adentro anclado a mis raíces,
mirar el vuelo calmado del albatros desde el puerto,
atarme a los norayes para siempre, dejar que me amputaran
las branquias y las aletas, las alas, la esperanza
de conocer las viejas rutas del tesoro. Debí
quedarme aquí hasta la herrumbre
en cualquier atarazana sin latido,
en cualquier atracadero hasta el desguace.

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