miércoles, 26 de octubre de 2016

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Reflexión idiopática

Sigue la mecánica, la tenebrosa mecánica
que guardan los relojes en sus sistemas más íntimos,
sigue incapaces de permitir una huída,
de dejar que un proscrito se exile de su senda.
Sigue desbaratando los minutos, desbrozando los huesos,
pudriéndonos la carne con su deambular sin límites,
sin pausa, sin un atisbo de piedad que nos consuele.
Sigue destronando a los reyes, aplastando a los príncipes,
deshaciendo a los políticos, mutando la belleza
en podredumbre, volviéndonos anónimos sujetos
en su bruma. Siguen los relojes haciéndonos otoño
con precisa crudeza con la que su sin razón nos aplasta.

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