lunes, 11 de julio de 2016

Q

Esquizo I

Estío. Recuerdo mis últimos inviernos.
Tenue escalofrío teñido de grisuras
y el aullido opaco en las veredas.
Tierra fértil para que la habite la carne.
La carne putrefacta. La carne futurible
que alimente al infinito. Semillas
de luz que súbito se apaga en los ocasos
hasta verterse nigérrima sobre la nada.
Esta nada profunda e inexplicable.
Y yo por ti, ahora, ahora que respiro
en este verano sin frontera en los termómetros,
recorreré los mapas, las rutas
misteriosas de las noches estelíferas,
de las más noches tenebrosas
y el extremo silencio
de mi algaba, el inhóspito espacio
de tu ausencia hasta alcanzarte. Es así
la canción de la esperanza. Hasta
alcanzarte en los remotos lugares
en que te halles, en los tristes
descampados de los solos,
en las ansias de otros labios inhabitables,
por mí donde rebosas te buscaré.
Y mientras no regresan
los filos de la soledad a mis vísceras,
estío, ahora sorprendente
y vital, te latiré el cuerpo salitroso
disuelto en el Levante,
corazón adentro y por mis venas,
adictivo bajel de mis naufragios.

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