jueves, 16 de octubre de 2014

XVII

Y tú, niño mío, con tu extrema lividez
en las pupilas, con tus ojos tan enormes como Lunas
apagado su futuro por la fiebre
y con toda la carga de mi amnesia
en tu agonía, no me mires,
no señales mi desidia, no te quedes
silencioso a mi lado en esta noche
de luto y de mortajas.

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