domingo, 12 de octubre de 2014

V

Pero a ti, mi amor, a ti que mereces
hojas de  acanto y laureles de oro 
y ramos de estrellas y relucientes colores
como luminosas fiestas de arcoiris frondosos; a ti,
mi amor, te desbordaré de este  invierno despiadado y crudo
que  te blanquea las venas 
y de su canto friolento en los ventanales 
te compondré 
con mis dedos de seda
una sinfonía que  recorran tus muslos 
buscando tesoros
y paraísos posibles 
que habiten tus ingles
para morder la manzana
y te escribiré leyendas soñadas para vivir en tu ombligo
hasta que los pecados nos dejen exhaustos 
y a los perversos monstruos
que se adentren en tus sueños
exiliaré a los confines
de  la madrugada
para que se nos vuelvan dóciles
en tanto nosotros sin hálito
nos aventuraremos desnudos
en el nuevo día
como en esas novelas
de finales felices.

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