viernes, 3 de octubre de 2014

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Pero tú, mi amor, no oigas los cantos
que anuncien los lutos ni las fieras palabras
que proclaman la guerra. No vayas a oscuras
a los acantilados donde duermen los monstruos
que habitan los púlpitos ni acudas a solas
a escuchar los discursos de los falsos profetas.
Ven, sin embargo, a estos jardines
de verdes y de  rosas, de fuentes de Luna
pregonando su plata, de trinos de ángeles
que adornan los himnos de la madrugada. Pero tú,
mi amor,
desecha a los íncubos que habitan mis tierras
y duerme a mi lado apaciblemente
que yo te vigilo...

que yo  te vigilo
[alerta] en las nemorosas noches.

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