viernes, 5 de septiembre de 2014

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Respiro el cálido soplido del Levante
que vibra su sopor entre los pinos.
Me sabe su perfume a lejanía,
a tierna juventud, a himno a la lujuria
en las arterias. Te hallo
enrocada entre las ramas
de un viejo vendaval en mi epigastrio
y aún me ofusco en navegarte
indócil por la piel y la memoria
muchacha de mis fiebres tras la tapia.

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